¿Qué pasa en Veracruz? Nada importante nos están matando

28-Agosto-2017

José Luis Ortega Vidal
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En Poza Rica de Hidalgo, al norte de Veracruz, cuatro cárteles se disputan la plaza: Jalisco Nueva Generación, del Golfo y los Zetas divididos en dos partes.
Hacia el sur la problemática es “menor”: sólo pelean a muerte por el territorio tres cárteles: Jalisco Nueva Generación, del Golfo y los Zetas unidos.
Todo Veracruz es territorio de guerra para en el ejercicio del periodismo pero en la huasteca y la región totonaca hay un plus, el narcotráfico ha penetrado no sólo la estructura política: partidista e institucional –en la elección del pasado 4 de junio hubo muestras al respecto en Coxquihui, sierra de Papantla y en Chicontepec- sino las redacciones de los periódicos.
Este fenómeno se vive también en la región Córdoba-Orizaba y el silencio, la autocensura como medida de sobrevivencia han llegado al periodismo de esa zona.
El asesinato del columnista Ricardo Monlui el pasado 19 de marzo en Yanga -muy cerca de Córdoba- fue la última acción que marcó el accionar y actitudes de autoprotección de reporteros y empresas.
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En medio de esta lucha sangrienta entre cárteles por el control de los mercados de consumo en las principales ciudades de Veracruz y las rutas de trasiego de la droga, el comercio de seres humanos y sus órganos (Alejandro Solalinde dixit), la esclavitud sexual local e internacional, el huachicoleo, el cobro de piso y el secuestro, la realidad social se muestra sumamente inestable dado que las condiciones políticas contribuyen al respecto. 
Me explico: a casi nueve meses de la gubernatura de Miguel Angel Yunes Linares no hay obra pública estatal en Veracruz. Tampoco hay pago de deuda a proveedores heredada por el gobierno de Javier Duarte y la transparencia en torno al quehacer de la administración pública luce por su ausencia.
Si la muerte de tres periodistas en lo que va del 2017 y el ataque a cerca de una decena de ellos –Armando Arrieta, de La Opinión, recibió un balazo en la cabeza el 29 de marzo y está vivo de milagro, fuera de la entidad, pero han sido agredidos muchos más- no fuera suficiente el gobernador establece una relación caracterizada por la opacidad con medios de comunicación que son sus aliados políticos: Notiver y XEU en la ciudad de Veracruz…
En este contexto Yunes Linares señala que la falta de difusión de las buenas acciones de su gobierno es responsabilidad de periodistas; se entiende que del resto de comunicadores.
El tema es debatible por donde se le aborde pero contribuye a la inestabilidad política referida en el primer párrafo del argumento dos del presente texto porque amén del desempleo galopante, se genera incredulidad respecto a la autoridad y pérdida de confianza en potenciales inversionistas.
La ausencia de resultados reales en el combate a la inseguridad se aprecia en los muertos que pueden pertenecer o no al crimen organizado pero los hay por montones cada día y eso no es culpa de los reporteros.
Recorrer la entidad y atestiguar la falta de obras públicas tampoco no es culpa de los periodistas.
Javier Duarte de Ochoa robó, robó y robó…mientras gobernó Veracruz.
Ocurre que desde hace nueve meses hay un nuevo gobierno y a nadie le queda claro qué está ocurriendo con el dinero enviado desde el gobierno federal como parte del presupuesto asignado al ejercicio fiscal 2017 y esa duda tampoco es responsabilidad de redactores y analistas.
Ante tal escenario la sociedad civil fabrica su propia versión de la realidad: ya sea por lo que le dicen los medios o por lo que ve y vive ella misma en la cotidianeidad.
Los medios de comunicación y los periodistas somos parciales por definición y nuestra naturaleza dialéctica nos divide entre críticos, no críticos, independientes, apegados a grupos de poder, voceros de nuestra propia ideología, integrados a la superestructura social, analíticos profundos o superficiales, representantes del poder político en turno –la CEAPP es un ejemplo- etcétera.
El tema de los medios usado como un pretexto para justificar las evidentes fallas estructurales de un gobierno que prometió dar resultados en seis meses –promesa absurda y por tanto demagógica- y no los da sólo contribuye a más confusión y debilidad política.
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¿En medio de qué estamos los veracruzanos?
El 24 de junio pasado ocurrieron entre 22 y 24 muertes dolosas durante un lapso de aproximadamente 14 horas.
En medio de aquella orgía mortal dos hechos llamaron la atención del gobierno federal y “calentaron” más el territorio veracruzano.
En Cardel, municipio de La Antigua, fue asesinado el coordinador de la Policía Federal en la entidad, Juan Camilo Castagné Velasco y un subalterno que comía a su lado en el restaurant “La bamba”. 
Durante el mismo lapso en la colonia Nueva Calzadas de Coatzacoalcos fue asesinada una familia entera, incluyendo al papá, la mamá y cuatro niños de 3, 4, 5 y 6 años de edad.
Como consecuencia cayeron dos jefes de plaza de la delincuencia organizada: 
El viernes 30 de junio, en Puebla, resultó muerto Ricardo Arturo Pacheco Tello (a) “El quino” –a la sazón jefe del cártel Jalisco Nueva Generación en el norte de Veracruz- acusado de ordenar la muerte de Castagné Velasco y su acompañante.
Antes del enfrentamiento con fuerzas federales que costó la vida del “quino” habían sido detenido a los presuntos autores materiales de la doble muerte del mando de la PF.
Un día antes, en Tabasco, elementos de la SEIDO capturaron a Hernán Martínez Zavaleta (a) “El h”, jefe de los zetas en la plaza de Coatzacoalcos y el sur de Veracruz durante una década y presunto autor intelectual del asesinato de los 4 niños en el antiguo Puerto México.
Desde aquellos hechos la violencia –ya grave- se incrementó y ha continuado con la muerte de presuntos delincuentes alternada con víctimas civiles.
Las pugnas entre criminales organizados se cruzan con la historia de corrupción que padece parte de la estructura del poder oficial veracruzano.
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El 8 de agosto fue detenida una presunta banda de 9 secuestradores en el “barrio alegre”, una vieja zona dedicada a la prostitución en Coatzacoalcos.
El jueves 24 de agosto fue liberado uno de sus integrantes: Zeferino Almendra Delgado (a) “El sicario”
A los pocos minutos de haber dejado el penal Duport Ostion “El sicario” fue acribillado a bordo de un taxi cuyo chofer también fue asesinado.
Circula en internet un video donde Almendra Delgado confiesa ser secuestrador y ejecutor al tiempo de ofrecer detalles sobre un crimen cuya víctima fue encontrada en una zona de aguas negras de Coatzacoalcos por no poder pagar su rescate.
El viernes 25 de agosto empezaron a ser liberados otros miembros de la presunta “banda de secuestradores”.
El Poder Judicial no da pormenores sobre la libertad casi inmediata de los presuntos delincuentes.
¿La fiscalía no aportó pruebas suficientes?
¿El juez fue amenazado?
¿Hubo dinero de por medio?
A Zeferino Almendra “El sicario” se le vincula con la estructura criminal del “h”.
El día que lo mataron junto con el taxista que le daría servicio fueron ejecutados dos hombres más en Coatzacoalcos.
Dos días antes, el martes 22 fue acribillado el reportero Cándido Ríos Vázquez “Pabuche” en Hueyapan de Ocampo.
Para la Secretaría de Gobernación -que lo protegía al menos en el papel- la muerte del periodista fue un daño colateral lo que significa que los asesinos iban por una de las otras dos víctimas de aquella tarde fatal (Roberto Campa Cipriam dixit).
Agosto está cerrando lleno de sangre en Veracruz .se reportan nueve asesinatos dolosos entre el viernes 25 y el sábado 26, al momento de escribir estas líneas- aunque las autoridades no lo reconozcan y señalen a los periodistas de opacar sus logros por razones de dinero…
Afirmación que Miguel Angel Yunes Linares está obligado, por ley y por ética, a demostrar.
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En resumen los veracruzanos vivimos en medio de:
- Un gobierno que no da los resultados ofertados
- La continuidad de una guerra entre cárteles que se reorganizan a partir de la muerte o captura de sus cabezas visibles
- La descomposición política que implica la complicidad de miembros de la clase política, grupos de poder e integrantes de las fuerzas de seguridad con la delincuencia ¿Ya desmembraron la estructura llena de cáncer que heredó Arturo Bermúdez Zurita, el Secretario de Seguridad Pública durante el duartismo, dentro de la propia SSP?
- El dolor por la desaparición de más de 3 mil 600 personas, según reconocimiento oficial de la fiscalía estatal.
- El desempleo, la falta de inversión estatal, la escasa y mal aplicada inversión federal, el miedo ante la violencia que se ha apoderado de nuestras ciudades, poblaciones, calles, escuelas, espacios públicos.
- En suma: las muestras de Estado fallido que aparecen día con día y son soslayadas por la clase del poder que –vía los partidos políticos- se prepara para el asalto a los recursos públicos elección tras elección…
- Como bucaneros de tierra adentro ahogada sin tregua por un mar sanguinolento…